Título original
My Father, my Lord
Género
Año de producción
2010
Publico
Valoración
Lenguaje
Duración
80'
Fecha de estreno
19/11/2010
País

My Father, my Lord

1 / 6
Humor 0/5
Acción 1/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

En 1995, el director David Volach, con 25 años, decide instalarse en Tel Aviv para estudiar cine.

My Father, my Lord es su primera película. En ella describe un aspecto de la religión judía en donde el sacrificio es casi permanente. La vida en la tierra exige absoluta entrega en beneficio de un más allá, un paraíso que se revelaría quizá después de la muerte.

Se nota en la película como el día a día de esta familia es gris y triste, mientras que el hijo aspira inconscientemente a otra cosa, a esta alegría natural que están intentando matar en él.

El director vivió también de niño en una familia ultraortodoxa, hasta que, a través de su propio proceso, decidió cambiar de rumbo para conocer personalmente otro tipo de vida menos rígido y más abierto a sus inquietudes. En el fondo ha plasmado en imágenes una gran parte de su propia experiencia.

Las escenas iniciales, de una extrema simplicidad y lentitud, se recrean a través de la cámara, en una gran parte de los aspectos que envuelven el rígido proceder de aquella religión: los Libros Sagrados y una constante atención a las lecturas y rezos de la ley judía. Primeros planos del rabino ensimismado, pasividad silenciosa en la esposa y desinterés total del niño por los ritos seguidos por el padre. Todo narrado con una, a veces, exasperante monotonía.

El film ha conseguido varios premios en diversos festivales, posiblemente, como factor principal, en consideración a una nueva forma de analizar, a través del cine, temas considerados hasta el presente como tabúes.

My father, my Lord es un nuevo ejemplo de los cambios que las nuevas conexiones entre países producen en las prácticas y creencias religiosas de algunos pueblos, adaptándose con mayor sencillez a los tiempos actuales y provocando de una forma paulatina un mejor entendimiento entre todas las razas del orbe.

Firma: Joaquín Guitart