Cómics en 35 milímetros

Desde sus inicios, el cine se ha caracterizado por la combinación de un protagonista y un antagonista como eje de las historias que cuenta. Los cómics de superhéroes representan la máxima expresión de ese binomio. El héroe contra el villano, el bien contra el mal, la justicia contra la opresión… son aspectos de los cómics irresistibles para el séptimo arte. Sin embargo, los superhéroes han aparecido y desaparecido durante largos periodos en el cine, hasta llegar al apogeo que vivimos hoy en día. Aunque estamos hablando de un género en sí mismo, los superhéroes no siempre han tenido tanto protagonismo.

Después de su éxito a finales de los años treinta, los superhéroes y sus historias empezaron a aparecer en televisión los sábados por la mañana en forma de películas infantiles: Las aventuras del Capitán Marvel (1941), Batman (1943), Capitán América (1944) o Superman (1948), por ejemplo. Más tarde, estos insignes personajes fueron retomados por la televisión a modo de series. La más conocida es la que se hizo de Batman a mediados de los setenta (aunque Superman, el Avispón Verde y la Mujer Maravilla también tuvieron una oportunidad).

El presupuesto de estos proyectos era muy escaso, así que todas las adaptaciones tenían apariencia de serie B o de cine independiente. Durante ese tiempo también abundaron las series en dibujos animados dirigidas a un público infantil: Asterix, X-Men, Thundercats… A partir de ahí, las películas que iban saliendo eran prolongaciones de lo que se veía en televisión.

La historia reciente del cine de superhéroes nace en el año 1978 con el Superman de Richard Donner. Fue la primera gran película de protagonista con superpoderes, un éxito comercial con buena acogida por parte de la crítica. A partir de entonces las adaptaciones de cómics pasaron a dirigirse a un público general y se convirtieron en cine de gran presupuesto. Los efectos especiales que tan bien encajaban en las historias de superhéroes se convirtieron en un reclamo para la gente, que disfrutaba con el espectáculo pirotécnico que ofrecían los superhéroes. Así, en la década de los ochenta se hicieron varias producciones, empezando con la primera de varias secuelas de Superman en el año 1980 (Superman II de Richard Lester), y terminando con Batman de Tim Burton (1989).

A pesar del éxito de la saga de Superman, es la película de Burton sobre el Hombre Murciélago la que consigue relanzar definitivamente el cine de superhéroes, debido a la aclamación de público y crítica. Esto supuso la adaptación al cine de cómics sombríos con personajes más complicados: El Cuervo (1994) de Alex Proyas dio el pistoletazo de salida, y siguieron Spawn (1997) y Blade (1997), entre otras.

A partir del año 2000 las películas de superhéroes se convierten en blockbusters y, a raíz de los éxitos en taquilla, nacen las franquicias. X-Men (2000) de Bryan Singer y Spider-man (2002) de Sam Raimi fueron las que marcaron tendencia. En ambas se pudo comprobar cómo el perfeccionamiento de la imagen digital permite a los héroes hacer cualquier cosa en pantalla, dejando al público con la boca abierta. Por esa razón, los estudios norteamericanos empezaron a destinar presupuestos desorbitados y a emplear muchísimo dinero para la campaña publicitaria de la película.

Buena prueba de ello son Daredevil (2003), La liga de los hombres extraordinarios (2003), Hulk (2003), Catwoman (2004), Hellboy (2004), Los cuatro fantásticos (2005), Batman begins (2005), Ghost Rider (2007), Iron Man (2008) o Watchmen (2009). Por otra parte, se pusieron de moda las secuelas (especialmente las de los X-Men, Spider-man, Blade, Los cuatro fantásticos y Hellboy) y los spin-off (historias cuyo protagonista proviene de una película anterior) como Elektra (2005) o X-Men Origins: Wolverine (2009). De hecho, actualmente se estrenan más de tres proyectos de superhéroes cada año. Hoy le toca a una precuela, X-Men: primera generación, pero son muchas las que se estrenarán a lo largo de este año y el que viene: Linterna Verde, El capitán América, The Dark Knight Rises (la última de la trilogía de Nolan sobre Batman), Ghost Rider 2, el reboot de Spider-man… Pero ¿por qué gustan tanto las películas de superhéroes?

La definición de superhéroe responde a una persona que posee unas habilidades que le hacen superior al resto de mortales. Generalmente, usa sus poderes para librar una batalla contra las fuerzas del mal. Para empezar, lo que atrae de estas historias es la simplicidad de su planteamiento: el bien contra el mal. No importan las razones de cada héroe. Lo que importa es que, oculto tras una doble identidad, defiende la paz del mundo mientras intenta llevar una vida paralela a su alter ego justiciero. Los superhéroes mantienen el interés de la audiencia con historias manejadas desde una perspectiva humana. Los mensajes de esperanza y de justicia que abanderan sus acciones son temas universales que siempre atraen al público.

Sin embargo, no solo son aventuras de buenos y malos que cautivan al espectador, sino que la digitalización cinematográfica ha otorgado ilimitadas posibilidades a la creatividad de los directores. Los efectos especiales imprimen un carácter único en las películas de superpoderes, y, a la vez, hacen que se vean más reales. De esta manera, el público empatiza más con los personajes y se mete de lleno en la historia. Los estudios consiguen una audiencia fiel al personaje y tienen la oportunidad de explotarlo en secuelas que seguramente resultarán éxitos en taquilla. Por lo tanto, y mientras siga el enorme interés del espectador en este tipo de películas, tenemos cine de superhéroes para rato.

Firma: Joan de Santiago


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