La fábula de la televisión

Había una vez un pastor muy travieso al que siempre le gustaba hacer bromas a sus vecinos del pueblo. Una tarde, cuando ya oscurecía, la gente del pueblo, que descansaba plácidamente en los porches de sus casas, oyó cómo el pastor gritaba:

– ¡Que viene el lobo, que viene el lobo! ¡Socorro, socorro, ayudadme! ¡Está atacando a mis ovejas!

Rápidamente, los vecinos echaron mano de sus guadañas y de palos bien gruesos para hacer frente al animal. Más de una veintena de hombres se puso en marcha, sin embargo cuando estaban llegando donde se encontraba el travieso pastorcillo, éste se puso a reír:

¡Jajaja!, ¡os lo habéis vuelto a creer!

Los vecino0s, cansados de escuchar una y otra vez la misma broma de los labios del pastorcillo le advirtieron que, si seguía engañándoles, llegaría el día en que no confiarían en él.

Todos recordamos el final de esta fábula. Muchos la habremos oído una tarde de verano de boca de nuestros padres o abuelos. Sin embargo, hoy en día es mucho más corriente que la reunión familiar se mantenga alrededor de la televisión: los niños disfrutan de tiempo libre en esta época de verano y se confía su cuidado a la televisión.

Hace poco más de cinco años, exactamente el 9 de diciembre de 2004, las televisiones generalistas y autonómicas de nuestro país se comprometieron a cumplir y cuidar, en horario de protección al menor (06.00h. a 22.00h.), un Código de Autorregulación que, a grandes trazos, les obligaba a:

* No incluir escenas o mensajes que pudieran perjudicar el desarrollo físico, mental o moral de los menores.

* Mostrar un comportamiento social adecuado (eliminar escenas o mensajes de racismo, consumo de drogas, culto al cuerpo, violencia, lenguaje soez…).

* Utilizar y mostrar una imagen digna y respetuosa del menor (no mostrarlo en situaciones de crisis, no utilizarlo para imitaciones vejatorias…), a la vez que se promueven los valores del menor.

* Evitar escenas de sexo implícito o explícito, así como demostraciones de ciencias ocultas o la banalización y frivolización de conflictos personales.

* Señalizar los programas (+7, +13, +18).

Además, dentro de este horario protegido, existe una franja de súper protección al menor, entre las 17.00h. y las 20.00h., donde está prohibido:

* El emitir violencia de manera gratuita.

* La representación de comportamientos perjudiciales o peligrosos para la salud.

* Mostrar escenas de sexo explícito.

* Mostrar comportamientos que ataquen la dignidad de la persona o sus derechos.

Como ese pastorcillo que promete no volver a mentir, pero que sólo espera la próxima oportunidad para divertirse a costa de los que en él confían, las cadenas prometieron cumplir una serie de aspectos y condiciones para proteger al menor en el horario en que más consume televisión. Sin embargo, son pocas, por no decir ninguna de ellas, las que mantienen este compromiso.

Al pasearnos por la parrilla televisiva en horario de superprotección, podemos encontrar grandes dosis de sensacionalismo, frivolidad y conductas nada ejemplares. Detengámonos en Antena 3, por ejemplo. A las 16.00h. da comienzo un programa magazine que lleva el título de Tal Cual Verano. El tiempo dedicado se reparte entre la crónica rosa y la de sucesos, a parte, por supuesto de la publicidad. El Diario, presentado por Sandra Daviú, rellena el cupo hasta las 20.00h.

Los desafortunados que se hayan encontrado delante de la televisión a esas horas habrán podido observar escenas tan indignas como:

* Las supuestas amenazas a una de las colaboradoras de Tal Cual Verano. El programa emitió en repetidas ocasiones una llamada que recibió, donde claramente se escuchaba: “Como te pille en el AVE te voy a partir las piernas”.

* “Hoy en El Diario hablamos de sexo. ¡Qué difícil es para muchas parejas entenderse tanto dentro como fuera de la cama! Nuestros invitados de hoy tienen problemas en la intimidad: algunos por el exceso y otros por la falta”. Esta fue la presentación de El Diario el viernes 2 de julio de 2009. Fue líder de audiencia.

* Tal Cual Verano fue el encargado de retransmitir el funeral de Michael Jackson el día 7 de julio: ni siquiera para el “Rey del Pop” mostraron una actitud de respeto:

(Josemi, uno de los colaboradores del programa, al entrar en plató y ver que el público le aplaude comenta:) “Por favor que estamos en duelo, el muerto no está aquí delante pero como si lo estuviera, imagínate que esas bolas de cristal son el muerto, ¡no pueden aplaudir! Solo espero que venga la plañidera”.

“Para qué quería una casa tan grande si no tenía ni novia ni nada, estaba allí más solo que…”

“Al final parecía una mezcla entre un extraterrestre y bambi”

* Las discusiones y faltas de respeto entre colaboradores e invitados son más que comunes:

– “¡Pero arranca, por favor!”- Le dice la invitada a un colaborador cuando está haciendo un comentario, a lo que el colaborador responde gritando:

– “Mira niña, mira niña, mira niña, no sé si has dejado de ser virgen o no pero soy bastante mayor que tú (mientras la invitada dice, también gritando: “¿y tú lo has dejado de ser? Precisamente tú no puedes hablar de eso” ) Pienso de vosotros lo peor y perdóname niña pero yo no he necesitado ni he tenido una madre ni un padre que hayan ido por las televisiones a insultar a sus hijos y nada de todo esto. Cuidadito con el tema, porque te pongo  una denuncia…” (la invitada se ríe).

¿Qué debemos hacer ante este panorama? Cuando una persona es consciente de la vulneración que las cadenas están llevando a cabo del Código de Autorregulación y, por tanto, de los derechos de los más pequeños, siente irritación e impotencia: constata que las audiencias prevalecen por encima de la formación que deberían recibir los menores.  ¿Cómo convencer a las cadenas de invertir en juventud para lograr una mejor sociedad? ¿Cómo demostrar que es una inversión más que rentable para todos? Por supuesto que el apostar por ello conllevaría una gran trasformación de nuestras pantallas y mayor exigencia para los creadores de televisión.

Pero a la vez, conlleva también un esfuerzo por parte del telespectador. Hay que saber canalizar esa impotencia para que se trasforme en un elemento efectivo. Deberíamos empezar por cambiar de canal o apagar el televisor cuando emitan esos programas. Todos nos quejamos, ¿quién actúa? Demostrémoles que no nos interesan sus sensacionalismos y frivolidades y que no hemos dejado de ser inteligentes.

Por otra parte, es interesante denunciar y participar en las campañas que diferentes asociaciones proponen para luchar contra esta degradación televisiva. No basta con que algunos alcen la voz: cuánto más coro haya, antes se verán obligados a claudicar y a mejorar los contenidos para los horarios de protección infantil.

Por último, debemos protegernos y proteger a nuestros menores ante la falta de sensibilidad de los contenidos de las cadenas. “El hombre se acostumbra a todo” o “una mentira repetida cien veces se convierte en verdad” son citas que en estas circunstancias se cumplen más que nunca. Si no advertimos, y no nos esforzamos por hacerlo, el tono tórrido de un beso entre dos adolescentes o el día en que nos presenten un trío sexual, apenas nos percataremos de su más que potencial efecto dañino en nuestros jóvenes.

La televisión ha hipnotizado a muchos pero, por suerte, otros tantos han perdido la confianza que les merecía. Tan solo unos años atrás la televisión parecía ser la máxima autoridad:

¿Cómo lo sabes?

¡Lo ha dicho la televisión!

¿Qué confianza nos merece la televisión hoy en día??

Firma: Aurora Oliva


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