Por un telespectador exigente

La telebasura es el resultado de la producción de una televisión de ínfima calidad combinada con una audiencia poco exigente. La telebasura busca resultados rápidos con poca sutilidad: recorre al chiste fácil o apela a la curiosidad morbosa de la vida ajena, para poner algunos ejemplos. Pero tenemos que hablar también de los telespectadores: los telespectadores aceptan este tipo de televisión con su fidelidad. Si no tuvieran éxito, estos programas no funcionarían.

Lo que sucede es que la audiencia progresivamente se vuelve cada vez menos sensivle a la calidad de los productos que visiona. Si se entretiente, es suficiente. Su preocupación no va muy lejos: “Me río, me divierto, me olvido de la jornada de cada día: pues con esto ya tengo suficiente”.

Desde las asociaciones de telespectadores, como TAC, se apela a que los telespectadores sean más críticos, más preocupados por valores como la calidad de los programas, la elegancia de las teleseries, la creatividad de las películas, la veracidad de los informativos…

Desde las asociaciones, se aspira a un tipo de telespectador que procure -a todos nos cuesta- visionar los contenidos televisivos con espíritu exigente, constructivo y, a la vez, inteligente. Aspira a que las familias no se conformen con la telebasura y luchen por una televisión mejor. Que los profesionales de los medios sean respetuosos con los telespectadores y, en vez de ofrecer una dieta de programas morbosos, enfermizos, procuren una dieta de programas bien equilibrada con todos los matices, valores, vitaminas y elementos que sean necesarios.

Y es que el problema es el negocio. La telebasura es el resultado de ofrecer el producto más arrebatador -entendida esta palabra en su acepción negativa- por el mínimo coste para que suponga el máximo de beneficio. Pues bien, desde las asociaciones de telespectadores, creemos que no es aceptable que las productoras, los canales de televisión, hagan negocios tan poco defendibles con con nuestras familis y con los ciudadanos en general.

Merece decirlo en una palabra: la televisión de calidad no es sólo una petición, es también un derechho. Del Estatuto de la Radio y la Televisión (Ley 4/1980) se desprendre que los telespectadores, tanto de los canales públicos como privados, tenemos derecho a que nos entretengan, pero también que nos formen y nos informen. Y esta formación e información a la que tenemos derecho está en juego con la televisión telebasura.


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