¿Sabes qué es una web 2.0?

La velocidad con la que se desarrollan las nuevas tecnologías es similar a la capacidad que tienen los jóvenes para asimilarlas y sacarles todo el rendimiento posible. En los últimos años asistimos a una revolución informática que propone una nueva manera de comunicarse. Las redes sociales, los blogs, el poder compartir fotos, vídeos y experiencias con el mundo entero es posible gracias a la web 2.0. Pero ¿en qué consiste realmente esta nueva tecnología?

Quién no ha estado esperando ese e-mail para zanjar una negociación o quién no está pendiente cada día de mirar su correo. Dependemos cada vez más de las nuevas tecnologías y de sus corrientes sociales. El desarrollo de las TIC (Tecnologías de información y comunicación) permiten que personas no expertas puedan acceder a la red y usar  programas diseñados bajo la premisa de la sencillez.

Las nuevas webs, las webs que usamos hoy en día y que son interactivas, son las llamadas webs 2.0. No obstante, para analizar las nuevas webs es preciso hacer memoria y remontarse a los inicios de la sociedad de la información y del conocimiento.

A principios del siglo XXI nos encontramos ya inmersos en este tipo de sociedad multimedia, que cristalizó mediante la adopción de un nuevo paradigma articulado alrededor de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC).

Se ha comparado este cambio con otro acontecimiento tan importante como fue la revolución industrial: se ha pasado de una tecnología basada en la energía a una tecnología fundamentada en la información, que es su materia prima.

Las webs 1.0 aparecieron por primera vez en 1994 y se caracterizan por ser estáticas. En ese sentido, muchos las compararon con la mera transposición del modelo editorial de la prensa en papel al digital. Las primeras páginas, las 1.0, son aquellas en las que el usuario únicamente puede leer o ver los contenidos que visita, sin ningún tipo de actividad o respuesta por su parte. En este tipo de webs, quien gestiona los contenidos es una empresa integrada por profesionales de la informática. Programar, diseñar e incluso redactar contenidos es sólo tarea de expertos.

Por contraposición nacen las nuevas webs 2.0, que suponen un paso gigantesco respecto a las anteriores. Estas nuevas páginas nos ofrecen multitud de servicios.
No permiten sólo leer una información, sino que también constituyen una manera de entender la red de forma mucho más participativa, innovadora y democrática.

En la web 2.0 el usuario crea contenidos de la página, los modifica, los comenta, los comparte con otros usuarios, cuelga fotos y vídeos y un largo etcétera de posibilidades en las que él mismo es el centro de la red. Sin esta interactividad tan directa la web 2.0 no podría existir.

Mediante estas webs se pretende crear un espacio social en el que el usuario sea el protagonista y en el que no se dependa de un conocimiento elevado en las nuevas tecnologías para poder desplazarse en la red. De este modo, las premisas de la web 2.0 son la simplicidad y la claridad, permitiendo así el acceso a todo tipo de usuarios.

Quizá la característica que mejor diferencia a la web 2.0 de la web 1.0 es la construcción colectiva de los datos a través de los usuarios. Un ejemplo es Wikipedia.

Esta enciclopedia -virtual, dinámica y en continuo crecimiento- fue creada mediante los pequeños esfuerzos de muchos usuarios. Así, tras Wikipedia descubrimos no a expertos, sino a un montón de gente escribiendo sobre aquellos temas que más conocen hasta construir una enciclopedia colectiva. Otro ejemplo, de distinto calibre, es Google, ya que determina qué página es la más conocida y citada, y para muchos fiable, gracias al número de usuarios que la visitan.

Al mismo tiempo, vemos cómo internet se vuelve más social. Se ha convertido en un espacio público para la generación compartida de conocimientos, para el trabajo cooperativo a distancia y para la publicación a escala mundial de textos, imágenes, sonidos o vídeos. Véanse ejemplos como Youtube o Myspace.

Respecto a la información que se publica, lo más razonable es otorgarle el valor que se merece. Por eso se requiere un nuevo tipo de usuario más crítico y activo, que sepa distinguir entre una opinión, una idea o un hecho para poder así ampliar y contrastar conocimientos desde casa sin caer en el engaño.

Lo cierto es que el usuario aún se está haciendo a esta nueva forma de navegar y de utilizar la red. Sin embargo, ya surgen nuevos datos sobre la web 3.0 o web semántica. Y aunque los expertos no están muy de acuerdo en su definición, lo único que parece claro a este respecto es que el desarrollo de estas TIC permitirá, en un futuro no muy lejano, hacer búsquedas más eficaces y más “inteligentes”.


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