FOMO

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El ser humano es un animal social por naturaleza, es decir, tiende a relacionarse. Por ello, tradicionalmente uno de los temores primarios ha sido la exclusión. Pero, ¿qué pasaría si llevamos esto al extremo en la sociedad actual? El resultado es lo que se conoce como FOMO (Fear of missing out), es decir, miedo a quedarnos fuera.

La explosión de las redes sociales y los videojuegos, así como su inmediatez en los dispositivos móviles nos han transformado en auténticos zombies de las nuevas tecnologías, hasta el punto que se están convirtiendo en un verdadero problema, tanto entre los más jóvenes como entre los adultos.

Cada vez se repiten más frases como “le he escrito, lo ha leído y no me contesta”, “ha colgado la foto pero no me ha etiquetado”, “me han expulsado del clan”… O la clásica imagen –que seguro todos hemos presenciado o protagonizado– en la que en una cena todos los amigos tienen sus dispositivos encima de la mesa. Y como los refranes son sabios, vamos a seguir la máxima de quien mucho abarca, poco aprieta.

En más de una entrevista con padres, el tema ha desembocado en lo mismo: “no somos capaces de hacer que desconecte del móvil, de la consola o de Facebook”. Por ello, consideramos que es un tema muy importante al que debemos prestarle especial atención.

Aquí van unos consejos que os pueden ser muy útiles.

Escucharlos.
Quizás para los adultos las redes sociales sólo son un mero entretenimiento, pero para muchos jóvenes son “su vida social”. Cuanto más nos preocupemos de cómo se sienten y más profundicemos en sus inquietudes, más abiertos se mostrarán a contarnos sus problemas.

No juzgar.
Que un adolescente se pase horas jugando en el PC o con la consola es algo que podemos tildar como absurdo. Pero para ellos no tiene por qué serlo. Están en pleno proceso de crecimiento madurativo y, muchas veces, encuentran allí un mundo alternativo donde se sienten a gusto.

Animar sus vidas offline.
“Mamá, me bajo al parque a jugar con los amigos” o “quedamos debajo de tu casa a las seis” son dos frases que resumen a toda una generación. ¿Son capaces los niños de hoy en día de bajar a jugar en lugar de conectarse a internet o quedar con los amigos sin estar sujetos a la inmediatez del WhatsApp (bajas, cambios de lugar, modificaciones del plan)?.

Establecer límites.
Si estudian, estudian; si juegan, juegan. No podemos pretender que los niños y jóvenes sean lo suficientemente responsables como para que hagan las cosas por sí solos. Debemos marcarles claramente qué pueden y qué no deben hacer. Cuando realizan sus deberes o estudian para el examen de turno, no deben tener ni el móvil al lado ni la consola portátil.

Ese no es el mundo real.
Muchos jóvenes entran tanto en el mundo virtual que, después, muestran ciertas dificultades sociales. Se sienten desprotegidos o simplemente menos importantes que en aquel videojuego con el que pasan horas y horas. No podemos caer en esa trampa. Como padres o tutores debemos apoyarles para que adquieran la suficiente fortaleza como para afrontar los problemas reales sin desmoralizarse y sepan dar a las cosas la importancia real que tienen, sin hacer una montaña de un granito de arena.

Firma: José Carlos Amador Vigara