Infancia, televisión y familia 1

Desde diversas instancias (pedagógica, pediátrica, la sociedad civil, la política…) se suele afirmar que la televisión en exceso de unos determinados contenidos puede llegar a tener repercusiones negativas en el desarrollo de la infancia.

La televisión hace de los niños seres pasivos, sedentarios, perezosos, precoces y manipulados. Señalan estos trabajos que el niño puede llegar a recibir tal cantidad de violencia inútil y sexo explícito, tal cantidad de materialismo y de contenidos deformantes que hace necesario que la ciudadanía se ponga en guardia.

La televisión puede entorpecer, en un cierto grado, el desarrollo evolutivo y el preceso de enseñanza-aprendizaje, que puede acabar con la comunicación familiar, dificultar la interiorización de valores de convivencia y facilitar la insensibilidad social y política.

En las escuelas falta un área que se ocupe de enseñar cuál es el lenguaje de la televisión y cuáles son sus consecuencias. Un área que se ocupe de orientar al niño en la capacidad de ver televisión con espíritu cítico. Desde el mundo pediátrico quizá falta algún manual de divulgación  que enseñe a las familias y a las escuelas cuáles son las patologías más usuales cuando se ve televisión en exceso y cómo luchar contra ellas: insomio, pesadillas, cansancio visual, obesidad, descompensaciones neuróticas, bloqueo psicológico, adicción a la televisión, entre otras (R. Tojo, 1990, pp. 188-196).

A la sociedad civil se le deben pedir asociacioes fuertes que movilicen a la ciudadanía para mejorar la televisión. Asociaciones capaces de presentarse como defensoras de los telespectadores en aras a una mejora de los contenidos. Asociaciones encargadas de apelar a quien corresponda (directivos, patrocinadores, productores, guionistas y periodistas de televisión…) para que, en el respeto al Estatuto de la Radio y la Televisión (Ley 4/1980 del 10 de enero), aumenten más su sentido ético y estético ante estos problemas donde el más perjudicado es el más débil: el niño.

A los políticos quizá haya qe exigirles que empujen a las televisiones públicas a cumplir su cometido (informar, entretener y educar) y a no vulnerar sus principios. El artíulo 4º de los Estatutos de la Radio y la Televisión contiene seis apartados muy claros. En el apartado quinto se habla de la protección de la infancia y de la juventud. En general el Estatuto recoge, desde la perspectiva en que le afectan, mandatos de la Constitución española que no ofrecen ningún género de dudas. En esta dirección hay que actuar: exigiendo a las diversas televisiones el cumplimiento de las leyes que las regulan.

Sin embargo, desde estas líneas la intención es concretar un acercamiento a una de las inmediatas soluciones que ha de partir de las familias frente a las limitaciones de la televisión. En principio podría hablarse de dos planos de actuación dentro del hogar: uno sería la acción familiar dirigida a lograr que sus miembros sepan ver selectiva y críticamente televisión; otro consistiría en lograr ocupar el tiempo libre de la familia más allá de la televisión. Otro capítulo es lo que puede hacer la familia de cara al exterior, de cara a la acción de la sociedad.

Antes de concretar cuál ha de ser esa actividad familiar en el interior del hogar será preciso valorar la opinión de las familias españolas. El 97,6 % de los niños ven la televisión frente a un 0,8 % que no la ve. Entre los que la ven, el 80% la ven cada día y más del 52 % la ven más de tres horas diarias.

La conclusión es clara: los padres están poco tiempo al lado de sus hijos de una forma activa. La interacción padres-hijos es mínima.  Se recomienda que los niños vean menos televisión y que la televisión que vean sea de un modo orientado: con los padres. También, se señala que el niño debe realizar actividades apropiadas para su desarrollo.

Es sabido que los niños, por regla general, se inclinan por la televisión ante la falta de alternativas. La televisión es el espectáculo permanente, asequible e ininterrumpido. El problema está planteado: los padres parecen aspirar a menos televisión y a más juego rico con más amigos en lugares adecuados. Esta es una aspiración, a menudo inalcanzable dadas las actuales condiciones de trabajo de los padres y el tipo de vivienda urbana de la familia. Otro punto de partida es que los hijos dificilmente son capaces de percatarse –por regla general- de que el juego en espacios abiertos con amigos es algo más conveniente para ellos.

Firma: Ignasi de Bofarull