Infancia, televisión y familia 2

La televisión es un medio de comunicación de masas, vertebral en nuestra sociedad, con el que hay que convivir y es una obligación de los padres aprender a manejarla y situarla en la vida familiar. Hay que convivir con la televisión, y también preparar a los hijos para que ganen en su desarrollo la suficiente autonomía e iniciativa que les permita prescindir de la televisión cuando sea preciso.

Una televisión utilizada en exceso es un impedimento para el desarrollo y la maduración del niño. Las investigaciones no confirman una estrecha relación causa-efecto entre televisión y fracaso en la maduración y el desarrollo evolutivo del niño. Pero son bastantes las variables que hay que tener en cuenta: si estamos en un medio rural o urbano; las creencias de la familia; el tipo de sociedad o civilización en el cual la familia se ve inmersa.

Un exceso de televisión en general en edades tempranas (entre el año y los 10 años) lógicamente también influyen en cierto grado: pero no de un modo absoluto. Un exceso de televisión puede ser un agravante o un refugio para el mal estudiante. Los padres han de saber que sólo controlar y orientar el visionado de la televisión no sirve de casi nada si los padres no hacen nada más en el resto del tiempo. Parte del vacío dejado por la televisión, los padres lo deben llenar de un mundo rico y alternativo. Además, deben dar ejemplo de todo aquello que se les exige a los hijos, si el padre no quiere que su hijo vea la televisión, él la debe ver muy poco.

Lo que está claro es que todo esto será así de la mano de unos padres emprendedores y con imaginación, con el juego entusiasta con los hijos. El juego orientado y estimulativo en estas edades es muy oportuno para su crianza.

El uso indiscriminado de la televisión es un resistente enemigo de los juegos infantiles. Con un exceso de televisión padecerán el diálogo familiar, el desarrollo psicomotriz, el progreso lingüístico, el crecimiento de la curiosidad, de la voluntad, de la creatividad, del esfuerzo, de la autoestima y de la socialización del niño de 1 a 10 años hacen que se resientan el lenguaje, la tan necesaria lectura y la imaginación.

Si la televisión sustituye totalmente el mundo del juego, nuestros hijos podrían tener alguna dificultad en su conocimiento de la realidad y el mundo que les rodea.  El exceso de televisión se hace incompatible con el juego en la medida que supone quietud casi hipnótica. En esta quietud el niño queda bloqueado, es decir, no responde a otro estímulo que no sea la televisión. La autoridad paterna queda mermada ante los dictados televisivos. Llega un momento en que la televisión vista muy en exceso puede apartar al niño de la realidad vivida y crear en el niño un mundo de irrealidades y dimensiones ficticias y desorientadoras.

Firma: Ignasi Bofarull