Trátame bien. Machismo, hipersexualización y violencia de género

El machismo cosifica a la mujer, ya sea en la publicidad, en la calle, en casa, en el trabajo y por supuesto en las redes. El machismo, además, perpetúa los estereotipos de género.

¿Cómo se visualiza el machismo en las redes?

En primer lugar, a través del tipo de publicaciones. En Instagram, por ejemplo, sin indagar mucho, descubrimos fotografías y vídeos que muestran cómo se trata principalmente a la mujer utilizando la sexualidad para llamar la atención. El cuerpo es visto como objeto de consumo. Hombres y mujeres objeto. La intimidad se trata como mercancía. Y al estar de moda, algunos influencers, apoyados por marcas conocidas, refuerzan las conductas superficiales en sus publicaciones. La psicóloga María Contreras, autora del libro Neuropsicología de la sexualidad, sugiere que “a muchas niñas les llega el mensaje de provocar, ser monas y mostrarse sugerentes, lo que dista mucho de que lo ideal es tener éxito a través de la perseverancia, esfuerzo y trabajo”.

Esta obsesión limita la construcción de su autoestima a elementos estéticos

A todo ello tienen acceso nuestros hijos e hijas. Se trata de una ventana abierta a miles de imágenes y vídeos de alto voltaje con solo deslizar un dedo en la pantalla de sus dispositivos. Se dice que los más pequeños han perdido años de su infancia. La psicóloga Rosa Collado afirma que han aumentado los casos de niñas con problemas derivados de la prisa por crecer. En muchas ocasiones, esta obsesión limita la construcción de su autoestima a elementos estéticos. Y, de hecho, así lo observamos en la mayoría de publicaciones de menores que muestran, desde muy temprana edad, sus atributos físicos como valor estrella; mientras quedan relegadas al más absoluto ostracismo sus capacidades y competencias.

Según la educadora y escritora Nora Rodríguez, “el origen de la hipersexualización está en la sociedad de mercado que pone el foco en el cuerpo como objeto de consumo destinado a traer al consumidor, donde hay que ser capaz de gustar y seducir”. El dato relevante que sugiere Nora y que los padres debemos anotar es que este fenómeno ya empieza a los diez años, motivado por el acceso de los menores a sus móviles o a los de sus progenitores.

¿Más que ayer?

No solo se visualizan los comportamientos machistas a través de las publicaciones, estos también se evidencian en las interacciones en las redes sociales, a través de los insultos y de los post de tintes misóginos. Respecto a la frecuencia del sexismo en las redes, ocurre algo análogo a cuando se estudia el ciberbullying: no tiene por qué darse más hoy que hace dos décadas; lo que sucede es que es más visible y, además, ahora queda escrito. Viene a ser la misma conducta, aunque amplificada. Por otra parte, no suele pasar que una persona sea machista en su perfil e igualitario en su casa. ¡Pero cuidado! Porque lo que sí puede suceder y, de hecho, se da es que una persona expresa unas opiniones en el mundo virtual que no tienen nada que ver con su modo de comportarse.

En relación a la visibilidad, el psicólogo Alberto Soler sostiene que el machismo es más perceptible básicamente debido a dos razones. Por un lado, el anonimato parece que da más alas al individuo. Y, por otro, se genera cierto gregarismo: el sujeto que lanza mensajes discriminatorios se rodea de “los suyos”, con lo que se considera más libre para expresarse. Además, hoy por hoy, se observa que, muchas veces, las redes, lejos de potenciar el debate, fomentan la confrontación o la confirmación de las propias posturas.

¿Y qué formas adopta?

El sexting y la pornovenganza representan las nuevas formas de violencia de género albergadas en el contexto digital. La primera se produce cuando la pareja ejerce presión, exigiendo el envío de imágenes íntimas como prueba de amor. La segunda consiste en la difusión de imágenes sexualmente explícitas sin el consentimiento de la protagonista involucrada. Sobre esta cuestión, en la actualidad, Facebook trabaja en un programa piloto en Australia para detectar la difusión de esas imágenes explícitas. En un mes, eliminó 14.000 cuentas de pornovenganza. Se evaluaron 54.000 procesos de menores involucrados en 33 de los incidentes examinados.

Las personas que ejercen este tipo de violencia llevan a cabo diferentes métodos para controlar a sus parejas. Es interesante tenerlos en cuenta para poder actuar de modo proactivo en la detección de posibles casos con nuestros hijos:

  • Pedir las contraseñas de sus perfiles sociales. “Como somos novios…”. Se trata de una clara violación a la intimidad, privacidad y libertad de las personas.
  • A través de la geolocalización.
  • Vigilar qué hace el otro/a en las redes: a qué hora se conecta, con quién interactúa, a quién le comenta, a qué publicaciones le da me gusta, si incorpora nuevos contactos a la lista de amigos, qué fotos sube…
  • Controlar su móvil: si está disponible, si está en línea y no contesta, espiar a través del dispositivo…

El mensaje que debería calar en los jóvenes es que su novio/a no le va a querer más por controlar su móvil o por saber dónde o con quién está.

Prevenir mejor que curar

Y con todo lo expuesto, ¿cómo podemos impedir que nuestros hijos no desarrollen comportamientos machistas, sufran la hipersexualización en sus vidas o que sean víctimas o acosadores? Una vez más, parece que la clave está en la educación. Educar en valores es básico, pero estos han de ser efectivos en la construcción de su autoestima.

En el contexto de las redes sociales, es sustancial hacer hincapié en la importancia de la intimidad. Se trata de una zona intangible que nos define y nos hace auténticos. No podemos dejar nuestro “yo” más vulnerable en manos de la mirada ajena. Asimismo, el diseño de la autoestima se va hilvanando desde la más tierna infancia. Por ejemplo, detalles como escoger los juguetes adecuados para cada edad o los programas televisivos y películas son muy relevantes.

En el caso concreto de las chicas que, hoy por hoy, son las principales víctimas, la escritora y educadora Nora Rodríguez facilita algunas pautas entre las que destacan:

  • No tratar a las niñas como adultas.
  • Romper la idea de que para ser mujer se debe ser bella, dulce, dócil o sino nadie te querrá.
  • Valorar sus habilidades, inteligencia y/o creatividad y el cómo interaccionan con los demás, y no su aspecto externo.

El Programa de Educación de la Fundación Aprender a Mirar (FAAM) ofrece recursos más allá de los análisis de contenidos. FAAM imparte talleres para que los padres puedan hablar con sus hijos adolescentes de aspectos como la intimidad, tanto desde la perspectiva de la educación en valores como de la gestión de la privacidad de las redes.