¿Todo vale en publicidad?

El éxito de una campaña publicitaria radica en su capacidad de generar impacto, persuadir y movilizar al consumidor. Muchas veces recordamos la música, el eslogan o al famoso que aparece en el anuncio, pero no qué marca hay detrás. En ese caso, todos los esfuerzos para posicionar el producto han sido en balde y la campaña no ha conseguido su objetivo.

Sin embargo, otras campañas publicitarias dan mucho que hablar y queda en el subconsciente el nombre del producto y su aportación a las necesidades del target. Éstas se dividen en las que emplean los valores positivos y las que sucumben a la polémica. En este último caso, su estrategia es la controversia para convertir su mensaje en viral, en objeto de debate y en presencia obligada en los titulares de los medios. Consiguen un enorme impacto a un precio proporcionalmente menor.

Para reflexionar acerca de esta táctica, TAC estuvo invitado en una tertulia de un programa de televisión, cuyo punto de partida era si en publicidad todo vale, si se cumple la finalidad última de vender y, en caso contrario, desgranar sus límites.

Oscar Wilde hizo memorable la cita: “Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen”. Sin embargo, tanto TAC como los eruditos en materia publicitaria no secundarían la célebre frase del autor de La feria de las vanidades, ya que una marca debe asociarse a unos valores positivos que se transmiten a través de sus comunicaciones comerciales.

En esta línea, uno de los mejores publicitas españoles, Lluís Bassat, dijo en una entrevista que, a lo largo de su carrera profesional, no había utilizado temáticas sexistas y violentas con el fin de atraer la atención del público. Y, sin contradecir al gran maestro publicitario, las nuevas fórmulas de concebir la publicidad ponen especial énfasis en un mensaje ético. Ya no valen los productos milagro porque sí o el reclamo fácil de los estereotipos.

Además, ahora las marcas cuentan con una fluida comunicación con los consumidores gracias a las redes sociales, que permiten llegar al público objetivo y recibir de modo inmediato su feedback y, por supuesto, a través de las entidades como las asociaciones de usuarios, que siguen desde hace años con su trabajo diario para garantizar el derecho del consumidor.