Tutu se instala en Clan

Tutu es un canguro medio robotizado que convive en un apacible y colorido valle con sus amigos: Rafa, la torpe jirafa; Nina, una pulga hiperactiva; Linda, una ovejita “enganchada” a la pantalla de su tablet; Tupa, la abuelita cariñosa pero un poco gruñona y, por último, el gentleman elefante inglés, Fante.

Juntos, se divierten y aprenden nuevas cosas cada día y, a base de pequeñas historias de siete minutos de duración, la serie busca encandilar al público preescolar. Sus creadores apuestan por las diferencias y las carencias de los distintos personajes para conformar un ambiente de colaboración y comprensión.

Adaptación animada en 3D de los personajes de una obra de teatro infantil

Uno de los directores de la serie, Julio Casal, explica que Tutu pretende combinar la tradición y la apariencia del mundo de las marionetas con las técnicas más modernas del 3D y el uso de las tecnologías actuales. Tal vez por esta conjunción de elementos de producción y de contenidos, la serie nos resulta moderna y clásica al mismo tiempo.

El uso –y abuso– de la tablet por parte de Linda, la ausencia de familias o manadas de una misma especie o la movilidad sobre ruedas de los pequeños protagonistas son un guiño al siglo XXI. No obstante, la serenidad de las historias, el lenguaje y los educados modales, así como la agradable ambientación son componentes clásicos de aquellos productos que pretenden seducir a los educadores y perdurar en el tiempo.

Tutu
Imagen de la app

Esta producción española, inspirada en una obra de teatro infantil, también dispone de una app complementaria en la que se ofrecen juegos de relacionar contenidos, números, colores, etc. Una opción para estirar, más allá de la pequeña pantalla, las aventuras de este héroe de lo cotidiano.

Apuesta por la imaginación

Una de las mejores cosas de Tutu es su locución. Para aquellos padres o educadores que prefieran evitar las pantallas a edades tempranas, Tutu puede servir de estímulo para desarrollar su imaginación si se les propone escuchar los episodios, en vez de verlos.

Los pequeños pueden escuchar la serie, y construir su propio universo gracias a las entrañables voces, a las divertidas expresiones de los personajes, a la alegre música y a la plasticidad de los sonidos que ayudan a entender –sin ver– lo que sucede en cada emisión.