El final del camino
Título original
El final del camino
Género
Subgénero
Cadena TV
- Emisión
Temporada
1
Lenguaje
Valoración
Público
()
Duración
75'
Fecha de producción
2017
País

El final del camino

2 / 6
Humor 0/5
Acción 3/5
Violencia 4/5
Sexo 2/5

Televisión Española, junto a Televisión de Galicia, nos trae una serie histórica más tal como nos está acostumbrando en los últimos años. Es un hecho de agradecer la apuesta por este tipo de formatos que enriquecen el panorama actual de los medios. En este caso, se trata de El final del camino, ambientada en el siglo XI.

Los hechos históricos que se muestran son de sumo interés pues se trata de época de conflictos por el trono, guerras entre moros y cristianos, divisiones internas y, por supuesto, la construcción de la futura Catedral de Santiago.

Hay que decir que la violencia en la serie es bastante elevada, lo cual podría llegar a comprender-se dado que estamos en tiempo de guerras. No obstante, en ocasiones, algunas escenas se recrean en detalles escabrosos que podrían haberse evitado, sugiriendo y no tanto mostrando. Sevilla y Toledo son dos de los lugares donde las peleas tendrán lugar.

La sexualidad también campa por sus anchas en esta serie. Además, lo hace no de manera sensible, delicada, o con detalles de afectividad. Aunque ni mucho menos llegamos al nivel de otras producciones históricas como Isabel (especialmente en su primer temporada) o la ya lejana en el tiempo Los Tudor, sí es cierto que lo que muestra deja un sabor amargo, pues son conductas más propias de animales que de personas, donde la mujer no es más que un objeto para el placer y para dar un hijo (no para engendrarlo y educarlo). El adulterio es parte de estas relaciones, obviando su relevancia.

La Iglesia, como suele ser habitual y más en una producción española, es la gran damnificada. «No puede juzgarse ligeramente al obispo don Diego [Peláez] —escribió el gallego Torrente Ballester, Premio Cervantes y Premio Príncipe de Asturias—. Quédese en suspenso nuestra opinión sobre su patriotismo, quédese graciosamente suspensa, pues motivos hay de sobra para estimarle como obispo excelente. Le debemos, debemos a su esfuerzo, la iglesia compostelana». Esto, lo positivo, lo obvia la serie.

Cansa la imagen de obispos conspiradores, traidores, con el único afán de poder, con ejércitos, maniobrando en la sombra y batallando en sentido literal. Poco o nada se habla de su labor al servicio de la cultura, de la arquitectura y, ni mucho menos, su sentido religioso.

El trasfondo de la construcción de la Catedral de Santiago queda bastante difuso, tan solo registrado en expresiones claves como la “Jerusalén de Occidente”, “la construcción de un templo digno de un apóstol” y las fugaces –aunque esenciales– apariciones de un monje a un cantero.

Lo que podría haberse convertido en un bello homenaje a una de las grandes joyas de la arquitectura española, de momento aparece más como un lugar de peleas, conflictos y vanidades poco edificantes.

Por último, podemos decir que estamos ante una serie con ritmo. Sin embargo, se producen continuos saltos que hacen que el espectador a veces se puede llegar a marear. Los personajes, a su vez, están bien interpretados, cumpliendo el rol que se les asigna.

Firma: David Guerrero


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