Juego de tronos
Título original
Game of thrones
Género
Subgénero
Cadena TV
Lenguaje
Valoración
Público
()
Duración
55'
Fecha de producción
2011
País

Juego de tronos

2 / 6
Humor 1/5
Acción 3/5
Violencia 5/5
Sexo 4/5

Hay varias formas de afrontar un análisis televisivo. En este caso y por la multitud de palabras que se han malgastado en internet para hablar sobre Juego de tronos, nos decantamos por el menos comercial, el más crítico y, esperemos, el que pueda ser de utilidad para aquellas personas que quieran conocer el fondo de la serie. Y no nos referimos a los entresijos de un argumento prolífico en tramas y personajes, sino al fondo de uno de los títulos más aclamados en los últimos tiempos por la audiencia y por la crítica mundial.

Pasaremos velozmente por la factura visual que, como todos sabemos, es brillante y rica en efectos, vestuario y ambientación. Claro que con un presupuesto de 10 millones de dólares (por cada capítulo de la sexta temporada) hasta Torrente olería bien. Tampoco añadiremos nada nuevo sobre la espléndida banda sonora, el elenco de actores que interpretan con resolución sus excéntricos papeles, ni sobre la fotografía, iluminación y demás componentes técnicos o artísticos que, a pesar de algunos gazapos, son excelentes.

Empezamos por centrarnos en quizá uno de los inconvenientes que dan un ritmo irregular a la historia: la amplitud de tramas y personajes. Como es del todo imposible mantener la misma intensidad en toda la ramificación que entreteje Juego de tronos, el espectador se encuentra en un guión que va y viene, de una historia a otra, de un personaje a otro, y la acción a veces explota y otras hiberna. Para seguir la serie hay que estar dispuestos a tragar una de cal y otra de arena.

Otro posible obstáculo es la impunidad de un género, el fantástico, en el que todo es posible. En el mundo de los Siete reinos, donde las estaciones duran décadas, los que mueren pueden resucitar, los ciegos recobran la vista, los accidentes mortales no matan y las peleas no dejan huella, pero ¿a todos por igual? Por supuesto que… ¡no! Sólo unos cuantos elegidos gozan del favor de los guionistas.

Y, para acabar, lo más llamativo para cualquiera que haya visto siquiera diez minutos de la serie: el exceso de excesos. Exceso de violencia, de sangre, de sexo, de depravación, de maldad, de egoísmo, etc. Y es que cuando se utiliza una muerte para atraer al espectador, bueno. Pero si se usan más de diez (por decir un número a la baja) en cada capítulo es una matanza. Si se ve una decapitación justificada, pase. Pero si se destripan, mutilan, se comen corazones o se tiran a niños por la ventana sin vacilar, es una barbaridad. Si se muestra una escena de sexo explícito, vale. Pero si el sexo es, además de explícito, entre hermanos, no consentido, de prostíbulo o del todo instintivo, se torna enfermizo. Y así es todo lo que rodea a los perturbados personajes de esta saga: venganzas, luchas, engaños, poder, honor, etc.

El juego de los excesos hace imposible la sutileza y el silencio, la sugerencia y la reflexión, en definitiva, impide todo aquello que nos lleva a valorar una historia, lo que cuenta y cómo lo cuenta. Narrar, a golpe y porrazo, sin mesura ni razón está al alcance de muchos y, si tienes dinero, haces Juego de tronos. Ver, sin mesura y sin razón, también está al alcance de todos, por eso triunfa Juego de tronos.

Y lo peligroso de esta serie es que es fácil “engancharse” a los personajes y a la historia. El corazón desbanca a la razón y acabamos por anestesiarnos (o justificarnos) ante tanta barbarie. Y aunque el mundo sea fantástico y sus personajes una invención literaria, en el fondo la maldad es maldad, el incesto es incesto, la violación, violación, el asesinato, asesinato y nada, ni los diez millones invertidos en cada capítulo, compensa la balanza. Lo que veamos visto está y ahí se queda. Y, ahora, que cada uno elija.

Firma: Mar Pons


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