Operación triunfo 2017
Título original
Operación triunfo 2017
Género
Subgénero
Cadena TV
Emisión
Lenguaje
Valoración
Público
()
Duración
150'
Fecha de producción
2017
País

Operación triunfo 2017

2 / 6
Humor 0/5
Acción 0/5
Violencia 0/5
Sexo 1/5

OT vuelve a La 1. OT vuelve a casa. Pero el tiempo y los vaivenes no pasan en balde y OT vuelve habiéndose despojado por el camino de su mejor cualidad: la de ser un espacio para disfrutar en familia.


En octubre de 2017, dieciséis años después de su estreno, otros tantos concursantes (dieciséis) han entrado en la academia; Roberto Leal (España directo) ocupa el sitio de Carlos Lozano; Mónica Naranjo, Manuel Martos y Joe Pérez-Orive calientan ahora la silla de Pilar Tabares o Risto Mejide, y la mecánica del programa no cambia: actuaciones, valoraciones del jurado, nominaciones, salvaciones y expulsiones.

Quizá pensamos que, al regresar a la cadena pública, Operación triunfo podría volver a ser lo que fue. Quizá se nos ocurrió que, sin la intervención de Telecinco, se acabaría la porción reality y otras cosas que cobraron tanta relevancia a su paso por la cadena de Mediaset, y que tendríamos la oportunidad de repetir la experiencia de la primera edición. Sin embargo, nos equivocamos. No es posible volver al pasado y no lo es por varios motivos.

El primero, porque los concursantes ya saben a lo que van, adiós a la inocencia. El segundo, porque replicar un éxito lleva consigo la reiteración de ciertas herramientas, adiós a la sorpresa. El tercero, porque nosotros, los espectadores, también nos hemos modificado a lo largo de estos años y nuestra exigencia para ser seducidos se ha complicado sobremanera. Por tanto, Operación triunfo 2017 ni fascina, ni sorprende, ni es un sencillo concurso de talentos musicales.

Además, algo se quedó en la puerta. Una cualidad que no “cruzó la pasarela” y que, por tanto, fue “expulsada” de la academia. Ya en la primera entrega, descubrimos con pesar que la delicadeza no iba a ser parte de esta nueva remesa de “triunfitos”. La delicadeza, entendida en toda su amplitud (finura, elegancia, deferencia u obsequio), brilla por su ausencia y esa misma ausencia oscurece el producto.

Falta finura en el lenguaje, en las relaciones humanas y en la exposición de la intimidad de sus protagonistas. Escasea la elegancia en el vestuario, en los bailes y en los comentarios. No existe deferencia hacia el público familiar y, por supuesto, Operación triunfo no es ningún obsequio al buen gusto ni al entretenimiento de calidad.

Puede que parezca excesivo demandar algo tan inusual en televisión como la delicadeza pero, y aunque parezca superfluo señalarlo, esta cualidad es quien abre la puerta al respeto, la moderación, al saber estar, al callar a tiempo, al lenguaje ponderado y al no airear los defectos del prójimo. La verdad es que nos da lo mismo si los concursantes saben o no poner un lavaplatos, si utilizan prendas interiores de la suerte, si hay pestillos en los lavabos o cómo duermen por la noche. Lo que buscamos en OT es música, interpretación, esfuerzo, aprendizaje y competición, para todo lo demás ya tenemos Gran hermano.

Tampoco parece muy delicado traer como artista invitada a una jovencita a quien hay que censurarle la letra de la canción para que actúe en el programa (que se denomina familiar), que las chicas vistan dos tallas por debajo de lo que necesitan, que bailen (concursantes y bailarines) como objetos de sensualidad desbordada, que se promueva la afectividad sin moderación y que se dé cancha a los cotilleos y a la información irrelevante (por decirlo con delicadeza) a través de especiales, chats, resúmenes (¡que se emiten en Clan!) y un canal 24 horas.

Para hacernos una idea de lo que se propone en los contenidos que se ofrecen fuera del programa, escogemos algunos titulares destacados de la web: “Sube la temperatura en la Academia de Operación Triunfo”, “Saltan chispas entre Ricky y Agoney”, “El maestro llevaba una camiseta con un mensaje de apoyo a los niños transexuales”, “Las chispas saltaron la semana pasada cuando vimos al canario dejarle una nota a Ricky para ir a dormir juntos”, “Amaia y Alfred. Complicidad a cuatro manos“, “Los concursantes de Operación Triunfo jugaron a pasarse el hielo con la boca durante el Chat en directo tras la gala 2”, “Primeras peleas entre Cepeda y Juan Antonio. Actúan juntos y se han cantado las cuarenta”, “El día que Bustamante vio el “potorrín” a Rosa”…

Y, si después de todo esto, queremos entretenernos con los despojos del programa, entonces sí. Sí hay talento musical, sí hay actitud para aprender y sí podemos descubrir algún valor y emocionarnos con su evolución. Para ello, lo mejor es ver el programa en diferido, centrarnos en las actuaciones y olvidar que existe una maquinaria que pretende abducirnos a otros universos comerciales, lejanos y oscuros.

Firma: Mar Pons


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