Perdóname, Señor
Título original
Perdóname, Señor
Género
Subgénero
Cadena TV
- Emisión
Temporada
1
Lenguaje
Valoración
Publico
()
Duración
60'
Fecha de producción
2017
País

Perdóname, Señor

1 / 6
Humor 0/5
Acción 1/5
Violencia 0/5
Sexo 2/5

Siendo todo lo que sigue malo, muy malo, lo peor de Perdóname, Señor no son ni el mejunje de tramas, ni que la historia se parezca a tantas otras, ni siquiera el poco valor interpretativo de sus protagonistas o la ausencia absoluta de creatividad en general. Lo peor de esta serie es que ya hemos superado tres lustros el cambio de siglo, que ya hemos visto mucha televisión y que ya no nos la pueden colar como antes. Alguien debería enterarse de que los espectadores hemos crecido en experiencias audiovisuales, de que lo que sirvió en otras décadas ya no convence y, sobre todo, alguien debería creerse de una vez la máxima de que un alto presupuesto no es sinónimo de un buen producto audiovisual. (Todo ello no quita que el espectador incauto caiga en las redes de este nuevo culebrón –pensado para no pensar– que cuenta con la ventaja de emitirse tan solo en ocho capítulos, ni uno más.)

Así que, como muchos opinaron espontáneamente en las redes sociales, los creadores, productores y demás involucrados en el proyecto deberían evolucionar, crecer con los tiempos y dejar de echar despojos al prime time. No hay excusa para este título que, a parte de la vistosidad de sus paisajes, en especial de sus playas, no contribuye al crecimiento del sector. La serie aburre en su argumento, disuade por sus personajes anodinos y aterroriza con sus diálogos carentes de autenticidad.

Tampoco salen ganando los habitantes de Barbate, un pueblo costero en el que parece que la droga y los narcos campan a sus anchas. Y como es lógico, después de su estreno, todo Barbate se puso en pie. Quizá no hacía falta meterse en este lío pudiendo hablar de un lugar ficticio. O, puede ser, que con ello se busque la publicidad gratuita de los indignados. Y, como es natural, la Iglesia católica y sus “ministros” quedan a la altura de la chancla (por buscar un calzado playero).

En fin, que el Señor siempre perdona cuando la compunción es sincera, pero a los simples mortales nos cuesta más y, sobre todo, cuando sabemos que el arrepentimiento no es tal, sino una forma de llamar la atención. Perdónales, Señor, tú que puedes.

Firma: Mar Pons


Este análisis se publicó en . Añade el a tus favoritos.