Sin límites (serie)
Título original
Limitless
Género
Subgénero
Cadena TV
- Emisión
Temporada
1
Lenguaje
Valoración
Público
()
Duración
42'
Fecha de producción
2015
País

Sin límites (serie)

3 / 6
Humor 1/5
Acción 2/5
Violencia 1/5
Sexo 0/5

En 2011, la novela de Alan Glynn se convirtió en un mediocre largometraje lo mejor del cual era su protagonista, un Bradley Cooper (Alias) confinado en la piel de un escritor, Eddie Morra, frustrado, abandonado y sin rumbo fijo hasta que descubre los efectos de una nueva droga de diseño: el NZT.

Ahora, es Craig Sweeny (Elementary, Medium) el que recupera la historia y la adapta para la pequeña pantalla. En Sin límites, la serie, Eddie Morra ya es senador, sin embargo no recae en él el papel protagonista, aunque aparece de vez en cuando para dar coherencia a esta secuela. A cambio, el papel principal corre a cargo de Jake McDorman (Shameless) que encarna a un joven músico sin un futuro alentador, Brian Finch.

La serie, que con un argumento tan poco llamativo podría entrar a formar parte del elenco de ficciones basadas en el género policíaco y procedimental –con todos límites que este comporta–, sabe encontrar su hueco y proclamarse diferente al resto.

Está narrada en off por el protagonista y en primera persona (como ya ocurría en la película), un detalle interesante aunque, a veces, sus intervenciones resultan repetitivas o demasiado evidentes. También, la ficción incorpora grafismos, desdobles de personalidad (Finch habla con su otro Finch), recreaciones oníricas o imposibles y juegos visuales para marcar la diferencia. Además, sabe ironizar sobre las fórmulas mil veces vistas en otras historias y utiliza, a su favor, el humor a través de los diálogos y las situaciones más comunes.

Es discutible su propuesta argumental pero, al final, lo que cuenta es que el protagonista convenza con su historia y que disfrutemos con ella y, sin ser una oferta excepcional, Sin límites alcanza el propósito de entretener sin más aspiraciones.

Quizá en la serie se descubre una cierta tendencia a exculpar los métodos para alcanzar un fin. Así, la salvación del padre del protagonista o su propia existencia en general se debería enfrentar a un debate moral más profundo del que se sugiere. Y aunque, como ya hemos dicho, Sin límites no pretende llegar mucho más allá, el espectador no debe permanecer ajeno a esta licencia ética.

Con todo lo anterior, concluimos que este espacio es una opción a tener en cuenta para aquellos que, sin pensar demasiado, busquen ocio pasajero, poco memorable y bien presentado.

Firma: Mar Pons


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