The man in the high castle
Título original
The man in the high castle
Género
Cadena TV
- Emisión
Temporada
1
Lenguaje
Valoración
Público
()
Duración
55'
Fecha de producción
2015
País

The man in the high castle

4 / 6
Humor 0/5
Acción 3/5
Violencia 2/5
Sexo 1/5

La serie se toma su tiempo para narrar una historia alternativa que cautiva desde el principio. Juegos de espías en una América nazi para aquellos que quieran disfrutar, sin prisas, de una distopía original y bien resuelta.


Amazon irrumpe con fuerza y calidad en el mundo de la producción cinematográfica y televisiva con esta interesante adaptación de la novela homónima. Su autor, Philip K. Dick, es un referente en la ciencia-ficción y, sobre todo, muy conocido por haber escrito ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, el relato en el que se basa Blade Runner, la película dirigida por Ridley Scott en 1982.

En este caso, más que ciencia-ficción, Dick recurre al género conocido como “historia alternativa”, una variante original de las distopías tan de moda en la actualidad desde que arrancaron Los Juegos del hambre o la saga Divergente.

Nada tiene que ver, de todos modos, la serie The man in the high castle con las adolescentes, ruidosas y superficiales sagas citadas. El producto de Spotnitz y su equipo es un trabajo admirable en fondo y forma, con un cuidado exquisito de todos sus elementos y una calma y un reposo que invitan a la reflexión aunque, todo sea dicho, también puede resultar algo lento, especialmente si lo comparamos con el ritmo habitual de los programas de televisión.

La serie cautiva desde el principio, con unos créditos iniciales breves, pero de gran belleza, intensidad y poder evocador. La cadencia cautelosa con la que se interpreta el Edelweiss de Rodgers y Hammerstein (de Sonrisas y lágrimas, para entendernos) mientras se ven imágenes en sombras de conocidos paisajes estadounidenses con señales de guerra y símbolos eclécticos en una elegante gama de color entre el gris y el granate, es un regalo para la vista y un prometedor anticipo de lo que va a empezar.

Todo lo que se ve a partir de ese momento tiene la misma pulcritud y denota un intencionado esmero a la hora de representar los distintos ambientes, interiores o exteriores; los trajes, el mobiliario, la sensación atmosférica o los ruidos y sonidos que acompañan las diferentes escenas.

La ubicación temporal en los años 60 aporta el toque de nostalgia y también la originalidad de verlo mezclado con los uniformes y emblemas de la Alemania nazi, que siempre hemos asociado con la indumentaria de dos décadas antes.

La historia que narra la serie cuenta un potente enganche inicial, gracias a su planteamiento, y se desarrolla manteniendo el interés conforme entran en juego nuevos personajes. El trío protagonista principal supone el elemento joven y atractivo, con una Alexa Davalos enigmática, cálida, débil e intrépida a la vez y sus dos compañeros masculinos, Luke Kleintak, y Rupert Evans, que irán manifestando su verdadero carácter y sus roles conforme avanzan los capítulos. Junto a ellos, una amplia galería de personas que contribuyen a enriquecer el relato, introducir nuevas perspectivas y abrir subtramas que, por otro lado, no siempre continúan con la coherencia debida. Entre ellos, destacan el oficial nazi interpretado por Rufus Sewell, Tagomi, el sorprendente ministro japonés o el acertadísimo propietario de la tienda de antigüedades y suvenires históricos de Norteamérica.

Sin rebajar demasiado la calidad del producto podemos comentar un par de aspectos menos acertados. Por un lado, ya hemos mencionado que el ritmo es demasiado lento, máxime sabiendo que la serie se prolonga al menos tres temporadas, breves, pero tres. Al espectador actual de televisión se le acaba muy pronto la paciencia y puede perder el interés por las aventuras de Juliana y compañía si siguen pasando las cosas a ritmo de documental. Por otro, la apuesta por la intriga, el juego de espías y los ases en la manga hacen que los personajes desconfíen unos de otros. Al espectador le cuesta empatizar con ellos y dan una impresión un tanto fría de las relaciones humanas sometidas, en muchos casos, a engaños o a considerar a los demás como meros objetos utilitarios o peldaños para medrar.

A pesar de ello, The man in the high castle, es probablemente, la mejor que se ha emitido últimamente en cuanto al interés del tema y la calidad general de la imagen. Ojalá cunda el ejemplo.

Firma: Esther Rodríguez


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