Tiempos de guerra
Título original
Tiempos de guerra
Género
Subgénero
Cadena TV
- Emisión
Temporada
1
Lenguaje
Valoración
Público
()
Duración
70'
Fecha de producción
2017
País

Tiempos de guerra

2 / 6
Humor 1/5
Acción 1/5
Violencia 1/5
Sexo 0/5

Estamos ante una nueva producción de Bambú que reúne los aciertos más comunes de sus ficciones, pero también algunos de sus errores más recurrentes.


Empezando por los aciertos, es obligado alabar el buen trabajo de vestuario y ambientación (exceptuando algún desliz, como el de los pañuelos del mercado árabe). Además, se reconoce el esfuerzo de los rodajes en exteriores, de un documentado guión, de ser originales en la trama general y de apostar por una ficción que recrea la tarea poco conocida de unas mujeres valientes y emprendedoras. A todo ello se suma la variedad de personajes e historias que la hacen más rica en posibilidades.

Sin embargo, como hemos anunciado, los inconvenientes aparecen ya en su primer capítulo y, al ser de naturaleza narrativa, se heredan y se complican de emisión en emisión. Es decir, la impaciencia por adelantar acontecimientos hace que las tramas se vuelvan superficiales y, sin ser necesario, desvela al espectador lo que, quizá, sería mejor ir descubriendo poco a poco.

Pongamos ejemplos. En la primera entrega ya sabemos quién se va a enamorar de quién y, con ello, se nos priva de la capacidad de sorprendernos. Los “arreglos” médicos fluctúan entre el sketch, el drama y sacarse de encima una escena que no interesa (aunque no sabemos a quién, porque la historia va de guerra ¿no?). La huida improvisada de Pedro queda más próxima a la torpeza que a la habilidad narrativa y la pausa en su ejecución es algo más que cuestionable. Y, por acabar, algunos (no pocos) diálogos paralizan el intelecto por su básica composición.

A pesar de su título, Tiempos de guerra no es un drama bélico, sino un conjunto de fascículos amorosos donde prima el romance por encima de cualquier otro componente. La guerra sirve para ilustrar el “carpe diem”, la añoranza del hogar o lo extraordinario de las circunstancias que rodean a los personajes. No obstante, todo ello no consigue servir de excusa para amortiguar la sensación de urgencia narrativa ni el vacío de ciertas actuaciones.

Lo más acertado, sin duda, es la vis cómica con la que se diluye el mal llevado dramatismo de determinadas escenas. Y, en general, la dispersión de tramas (aunque repetitivas) sirve para distraer nuestra atención que, de centrarse, no sobreviviría muchos capítulos.

Así, entre aciertos y desaciertos, el espectador está frente a una serie que reluce en su presentación, sorprende con novedosos rodajes y propuestas de guión, pero tropieza en el fatalismo de la sobrexplicación y la falta de contención y verosimilitud narrativa.

Firma: Mar Pons


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