The Legend of Zelda: Breath of the Wild
Género
Subgénero
, ,
Edad recomendada
+12
Edad
Valoración
Lenguajes
Castellano
En línea
No
Fecha de estreno
03/03/2017
Jugadores
1
Precio
69,95€ (Switch / Wii U)

The Legend of Zelda: Breath of the Wild

5 / 6
Humor 2/5
Acción 3/5
Violencia 1/5
Sexo 0/5

La crítica del principiante

Volviendo a Hyrule

The Legend of Zelda: Breath of the Wild nos vuelve a meter en la piel de Link, que tras haber pasado cien años dormido, “vuelve” a la vida para enfrentarse al malvado Ganon, liberar a la princesa Zelda y reconstruir el maltrecho reino de Hyrule.

Con este gran objetivo en el horizonte, se abre ante nosotros un gigantesco mundo lleno de vida en que nos esperan horas y horas de exploración, plataformeo, acción y puzles.

Un sandbox grandioso

Hyrule es todo aquello que los fans de la saga habíamos soñado siempre: un mundo gigantesco lleno de retos. La premisa del juego bien sencilla: somos libres para hacer lo que queramos. La tarea principal se centra en derrotar a las cuatro bestias divinas para enfrentarnos, con ciertas garantías, al malvado de Ganon. Sin embargo, entre medio y para salir triunfantes en dichos enfrentamientos, podemos hacer lo que nos venga en gana. Visitar una aldea, investigar un templo, escalar una montaña…

Pero lo mejor de todo, y lo que hace que tengamos ganas de explorar y explorar, es que todo lo que hagamos tiene una recompensa. Que ayudamos a un aldeano de Kakariko a guardas sus gallinas, recibiremos un regalo de lo más útil. Por otro lado, si nos disponemos a completar unos de los 120 templos opcionales, recibiremos un orbe de valía para mejorar nuestro vigor o nuestra vida… Así con cada tarea que realicemos.

Tal es la libertad y los retos que nos propone el juego que podremos acceder a cualquier sitio que esté en el mapa. Desde una montaña altísima hasta una zona subterránea. Todo está perfectamente conectado como si de un magnífico puzle se tratara. De este modo, y a diferencia de otros juegos tipo sandbox o de mundo abierto, no tenemos un escenario gigante sin más, sino que hay una razón por la que investigar todo el mapa.

¿Plataformas, acción, aventura?

Después de haber jugado bastantes horas al juego, podemos decir que Breath of the Wild combina con gran maestría todos los estilos que propone. Estamos ante una aventura en tercera persona de mundo abierto. En ella encontramos misiones principales y multitud de tareas secundarias. Asimismo, los puzles abundan en cada una de ellas. Los templos que nos permiten conseguir orbes de valía, por ejemplo, suponen todo un reto de habilidad y de estrategia. Tendremos que combinar nuestros diferentes poderes –imán, paralizar, bombas y hielo- para conseguir pasar al siguiente nivel. En más de una ocasión tendremos que estrujarnos el coco para dar con la solución.

Por otro lado, la acción es un elemento esencial. Continuamente podremos combatir contra enemigos de lo más variopintos. Desde pequeños orcos en un campamento, hasta grandes bestias salvajes e incluso máquinas –sin olvidarnos de las cuatro bestias divinas-. Para salir victoriosos de estos enfrentamientos, disponemos de decenas y decenas de armas que tienen una resistencia determinada. Que recibamos un arma de los más poderosa como recompensa, no nos facilita la tarea –tenemos espadas, lanzas, arcos, fechas de distintos tipos, guadañas…- ya que a los cuatro o cinco golpes, se romperá. Por eso es esencial investigar todo lo que nos rodea y conseguir otros ítems.

La estrategia es básica también. La salud no se recupera automáticamente, sino que tendremos que cazar o recolectar frutos que, una vez ingeridos, nos recuperaran los corazones que indican la vida. Además, si cocinamos, conseguiremos alimentos más reconfortantes. Todo ello hace que antes de abordar una batalla complicada, debamos abastecernos y equiparnos con cierta sabiduría.

Por último, como todo Zelda, es un plataformas en estado puro. Escalar montañas, navegar por ríos, saltar de un lado a otro… Es decir, cumple con las características básicas de cualquier plataformas.

¿Portátil o en la televisión?

A pesar de que el juego también sale en Wii U, la versión que hemos probado es la de Switch. El juego ha abanderado la nueva consola de Nintendo, siendo el gran reclamo inicial de la misma. No es para menos. Evidentemente, cuando lo jugamos en la televisión el apartado grafico es genial. La naturalidad con la que la brisa mueve las hojas, cómo salpica el agua o el paso del día, son algunos ejemplos de esto. Pero lo mejor de todo es cuando decidimos jugarlo la pantalla portátil de la consola. Está a años luz de cualquier otra portátil que hayamos podido jugar. 3DS tiene una potencia limitada, si bien los juegos son bastante vistosos. PS Vita tiene un gran potencial, aunque casi ningún juego hace gala de ello. Sin embargo, Switch está a otro nivel. Ver semejante juego en una pantalla portátil resulta una experiencia única para cualquier usuario.
Un juego para todo el mundo

La calificación PEGI de Zelda: Breath of the Wild es +12. Se trata de una aventura con toques de acción que no resulta ni demasiado violenta y, mucho menos, sangrienta o visceral. Además, dicha acción no es gratuita –como sí pasa en otros sandbox- y todo está creado con un estilo muy colorido y visual. No hay palabrotas ni uso de brujería –las habilidades de Link no son hechizos-.

Lo mejor:

Es un juego amplio, repleto de vida, lleno de posibilidades…
La libertad con la que podemos afrontar la aventura.
Jugarlo en la pantalla portátil de Switch es una experiencia única.

Lo peor:

Poco negativo se le puede achacar.

Conclusiones:

The Legend of Zelda: Breath of the Wild es uno de los mejores títulos a los que hemos jugado en los últimos años. Su propuesta respeta la saga pero innova en todo. Es ambicioso pero consigue cumplir con todo lo que propone. La libertad es gigantesca y todo lo que habita y existe en Hyrule tiene una razón de ser. Su fórmula de acción / recompensa da sentido a que investiguemos el extenso mapa. Y, por si fuera poco, su calidad gráfica es brutal –especialmente en Switch, aunque también en Wii U-. muy recomendable.

Firma: J. Carlos Amador


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