Youtubers. El fenómeno que engancha a los preadolescentes

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Son muchos los padres y profesores que permanecen atónitos ante el impresionante poder de influencia que los llamados Youtubers han adquirido entre los menores, especialmente entre los preadolescentes. Este fenómeno ha cambiado por completo sus hábitos de consumo audiovisual.

En esta ocasión ponemos el foco sobre Youtube como plataforma y, en concreto, sobre los contenidos generados por sus protagonistas. Ahora, la televisión ha quedado relegada a un segundo plano cuando se trata de saber qué consumen los chavales en sus ratos de ocio audiovisual. Sus programas favoritos se han visto superados ampliamente por nombres que arrastran legiones de seguidores como Elrubius, Auronplay, Vegeta 777, NexxuzHD, Willyrex, Wismichu, Mangelrogel, JPelirrojo o Adelita Power, cuyos vídeos cuentan con millones de reproducciones. Si queréis conocerlos más de cerca, os dejamos este artículo publicado por El Mundo y dedicado a los canales de Youtubers más frecuentados por los preadolescentes, para leerlo clicar aquí.

Quien más quien menos, padres y profesores han intentado algún acercamiento a este mundo con el fin de comprender y conocer qué motivaciones, gustos o intereses despiertan esos contenidos en los menores. Todos tenemos claro que un Youtuber responde a la definición de una persona que se graba a sí misma de forma casera y edita y publica el vídeo en Youtube. Puede salir hablando de algún tema, explicando anécdotas, opinando, haciendo valoraciones sobre algo, dando consejos, haciendo parodias, críticas o jugando a cualquier videojuego. Sin embargo, esta definición se queda corta pues, incluso, ya realizan sus propios shows en vivo con público y las marcas los buscan para temas publicitarios, por lo que, una vez más, el factor económico condiciona la viralidad que se busca por defecto en cada publicación.

El matrimonio entre los videojuegos y Youtube merece un apartado especial, pues se trata de uno de los fenómenos más impactantes y que más audiencia mueve. Parece que los menores prefieren ver cómo juegan otros a través de Youtube antes que vivir la experiencia ellos mismos. Pero lo cierto es que, para ellos, el atractivo de estos ‘gameplays’ está en los comentarios que hacen mientras juegan o en su habilidad a la hora de superar pantallas.

Debemos tener en cuenta que, aunque el mercado de los videojuegos dispone de una guía por edades como el código PEGI, el mundo de los ‘gameplays’ (más aún con la modalidad de juego online) se escapa a cualquier tipo de señalización y control parental. Youtube solo dispone de una clasificación para mayores de 18 que es muy fácil de evitar, por tanto existen infinidad de publicaciones en las que pueden verse verdaderas burradas. Y, quizá, si en casa nos hemos negado a que jueguen a algún título que nos parece inadecuado a su edad, puede que los chavales recurran a Youtube para seguir las partidas a través de su nuevo ídolo, con sus comentarios y sus encuentros en directo.

En Youtube, el mundo de los ‘gameplays’ se escapa a cualquier tipo señalización o control parental

En este universo de los Youtubers, hasta un videojuego aparentemente inocente puede convertirse en algo escabroso u ofensivo, dependiendo de los comentarios que incluya el vídeo. Y, sin olvidar la enorme influencia que estos ‘gamers’ tienen sobre los menores, debemos asegurarnos conocer aquellos a los que son más fieles.

Pero volviendo al fenómeno de los Youtubers en general, muchos de ellos son puro entretenimiento, chistes o bromas que, a veces, escapan a nuestro entendimiento pero que a los menores les resultan de lo más divertido. Estos protagonistas de la red suelen ser jóvenes por lo que les resultan muy cercanos, se sienten identificados con ellos y los toman como ídolos mediáticos. Además, utilizan su lenguaje o, más bien, el lenguaje de los Youtubers se está convirtiendo en su referente y de catalizador del cambio generacional.

Otra característica propia de este entorno, a diferencia de cualquier contenido televisivo, es que existe una relación mucho más cercana, directa y bidireccional entre Youtubers y seguidores. Es decir, los comentarios e interacción de los seguidores tiene su ‘recompensa’, ya que los Youtubers hacen partícipes a sus fans y estos pueden condicionar los nuevos contenidos que se publiquen. Además, en ocasiones, dicha interacción forma parte del propio contenido o de su actividad en las redes sociales. Con ello, la expectativa crece y las diversas notificaciones de un nuevo contenido publicado tienen el efecto de inmediatez. Algunos Youtubers generan nuevos vídeos a diario y todos ellos lo hacen con una alta regularidad. Por lo general se trata de vídeos cortos que facilitan un consumo ágil y dinámico y, al ser contenidos que principalmente se ven en dispositivos móviles, no responden a franjas horarias ni patrones definidos.

Como ocurre con otros espacios audiovisuales, los hay de calidades dispares y dependiendo de su audiencia y enfoque resultan más o menos indicados para determinadas edades. Hay Youtubers que sin pretenderlo se han convertido en referentes para menores y, pese a que sus contenidos se dirigen a un público adulto (los Youtubers de más éxito suelen oscilar entre los 20 y 30 años), no han reparado en adecuar su discurso y lenguaje a este sector. Por este motivo, debemos permanecer en alerta para que no calen entre los más pequeños mensajes de carácter violento, de corte discriminatorio, de sexo explícito o, simplemente, de mala educación. Como ocurre en otros medios, ampararse bajo el paraguas del humor es la mejor excusa para inyectar ideologías, hábitos o modismos muchas veces alejados de los valores que pretendemos enseñarles en casa.

En este entorno, está claro que abundan los insultos y el lenguaje grosero pero, aunque es lo más llamativo, eso no es lo peor. Hay otras cuestiones implícitas en un Youtuber como su visión del mundo, sus comentarios, su “modus vivendi”, la creación de tendencias o estilos, la trascendencia de lo intrascendente, el culto al cuerpo, la dependencia a las redes sociales, etc. Sin pretender resultar alarmistas, debemos tratar de acompañar a los menores a través de este medio, al menos conociendo a quién siguen y qué tipo de contenidos les ofrecen. Algunos Youtubers se iniciaron siendo menores y, con el tiempo, han llegado a arrepentirse de publicaciones que hicieron y se les fueron de las manos o que ya no reflejan su forma de pensar actual. Y, aunque esta “maduración personal” se ha utilizado como reclamo publicitario, en el fondo, revela los riesgos de una “profesión” imprudente, sin normas de conducta y con un gran vacío legal.

Algunos Youtubers se iniciaron siendo menores y, con el tiempo, han llegado a arrepentirse de publicaciones que se les fueron de las manos…

También hay canales con gran número de seguidores pero más minoritarios. En ellos los Youtubers se dedican a temas de interés cultural o científico, a comentar libros, a dar clases de matemáticas, a cocinar recetas, etc. Se trata de personas a las que sí merece la pena conocer y, aunque no todo se basa en audiencias (en este caso número de seguidores y visualizaciones de cada vídeo), es evidente que las cifras actúan como catalizador y efecto llamada entre los menores. Lo que debemos hacer es encontrar a aquellos que, a pesar del número de seguidores, tengan algo que aportar.

Mención aparte merecen los vídeos que relatan experiencias o experimentos surgidos en este medio para concienciar sobre determinadas cuestiones, como por ejemplo el caso de Coby Persin. Se trata un chico de veintiún años que se hizo pasar por uno de quince para ganarse la confianza y quedar con tres menores. Con ello demostró a sus padres lo fácil que resulta mentir en las redes sociales. Ejemplos como este se pueden utilizar como medida de prevención entre niños y adolescentes, para descubrir ciertas estafas o para conocer “trucos” útiles en nuestra sociedad.

Por último, hay que valorar el efecto que pueden provocar en los chavales este tipo de vida en internet. Es posible que por el ansia de tener influencia (y no tanto por querer explicar o compartir conocimientos de interés sobre algún tema) los consumidores se conviertan en generadores de contenidos. Quizá en busca de notoriedad y fama o, quizá, por pasar el rato, lo cierto es que esta actividad puede llevarles a situaciones de frustración y a comprometer su huella digital. Despertar la creatividad siempre resulta positivo, pero conviene poner atención a este medio ya que no deja de ser una red social. No se trata de un espacio donde se haya tenido en cuenta a los menores como posibles prosumidores (productor+consumidor).


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